“ANATA”, EL FESTEJO POR LA COEXISTENCIA CON LA “PACHAMAMA”

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En las comunidades andinas quechuas y aymaras entre los meses de febrero y marzo da inicio la festividad de la “Anata” – carnaval, es una de las festividades más difundidas en el mundo andino. Esta celebración está íntimamente ligada a la producción de los cultivos, es tiempo del florecimiento de las siembras, y se agradece simbólicamente estos días a la “pachamama” con el ritual de la “c’halla” en los campos de cultivo y las primeras cosechas extraídas de ella.

En estos tiempos, posteriores a la época de siembra cuando los campos están en pleno auge y en estadio de florecimiento, llega el carnaval, conocido en las comunidades andinas como “anata” o “puqllay” (juego). Esta fiesta representa un ritual de trascendental importancia en el plano simbólico de la fertilidad tanto de la actividad agrícola como en la crianza del ganado.

Este festejo consiste en el “t’iqanchan” o “wiphay” (adornar, marcar, esparcir) de las chacras empleando flores, serpentinas, mixturas, entre otros elementos, agregado a esto suenan los “pinquillos, “tarkas” y “chaqallos” y al compás los comuneros danzan alegremente alrededor de los cultivos, extraen las primeras cosechas y realizan la c’halla en un acto de agradecimiento con la madre tierra o “pachamama”;  este momento es como si los sembradíos manifestaran también su alegría, las flores resplandecen con el sol y juegan con el viento con sus movimientos suaves.

Al término de este festejo los comuneros y participantes de dicho ritual despiden el periodo de lluvias y se retorna al ciclo de siembra y cosecha.

Por ello, y en el marco de la convivencia andina, la ONG Global Humanitaria Perú viene promoviendo estos rituales ancestrales en las Comunidades e Instituciones educativas del nivel primario (IEP) de la Región de Puno, a través de la producción de cultivos andinos. Así, de manera organizada, padres, madres de familia (directivos APAFA) y docentes de las IEP en estos días vienen visitando los campos de cultivo para efectuar el “t’iqanchan” o “wiphay” como muestra de agradecimiento a la fertilidad de la tierra.

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